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Soy María Auxiliadora Gómez. venezolana, de profesión Dra en educación, estoy jubilada. Soy católica, creo en Dios Padre todopoderoso y en la Virgen María.Tengo tres hijas que para mi son mis más hermosas poesías: María Vanessa, María Patricia y María del Carmen. Amo la cultura el folklore, los refranes, el teatro, las danzas, la música, la pintura, la poesía, es decir el arte en todas sus facetas. Así mismo me gusta escribir cuentos, temas alusivos a la cultura, guíones de teatros, monólogos poesías; al decir poesías hago una pausa porque para mí la poesía es parte de mi vida, pues desde muy pequeña mi papá que hace tiempo está en el cielo me condujo a es mundo mágico y me enseñó a conocer, a convivir, a declamar y sobre todo a amar la poesía. Para muestra, soy autora de un libro de poemas titulado SUBLIME LENGUAJE DEL ALMA. En ese mismo sentido, en mi pueblo San Fernando de Apure escribía en una columna del Semanario NOTILLANOS que llevaba por nombre HORIZONTE CULTURAL. En honor a esa columna fue que hice este Blog en el año 2013 con el mismo nombre.

miércoles, 26 de junio de 2013

El Zorro y el monito Saltarín




Es un cuento facilitado por Zárraga (1948), en el cual se narra lo siguiente: Un zorro se había comido casi todas las gallinas de una comarca. Sólo en un patio se oía el constante cacarear de estas aves y el alegre canto del gallo copetón. A pesar de que el zorro rondaba por esos sitios, no podía apoderarse de aquellos animales debido a que las paredes eran muy altas y también porque existía la vigilancia de dos enormes perros bravos. Sin embargo el zorro no perdía la esperanza de hacerse un sancocho de aquellas bullangueras aves de corral. Cierto día, el zorro paseaba por la montaña y observó con curiosidad a un monito que corría por entre las ramas, saltando de una mata a otra y trepaba con pasmosa habilidad. En ese momento se le ocurrió una idea. Se acercó al sitio donde estaba el simio y le dijo: ¡Tío Mono! Usted es un ser que tiene mucha destreza para subir a los árboles y dar saltos mortales. Ni los trapecistas más famosos de los circos lo igualan en tales virtudes. El monito saltarín, muy halagado creyendo que el zorro le estaba diciendo la verdad, replicó con jactancia: -¡Eso no es nada, Tío Zorro!... yo soy capaz de dar vuelta en el aire al saltar de una mata a otra y caer de pie. El zorro simulando asombro exclamó: -No me diga Tío Mono!..., y el mono para demostrar sus habilidades dio inicio a sus maravillosas maromas. El zorro, a pesar de todo aquello, le dijo secamente:
-Si es cierto Tío Mono, todo lo que me dice, pero… - ¿Pero qué?... Exclamó el Mono, a lo que respondió el zorro:
-Nada Tío Mono, nada. Estaba pensando que todo eso lo puede hacer usted en los árboles, pero creo que nunca en terreno liso. El monito saltarín, disgustado ante aquel desconfiado que ponía en duda sus facultades, manifestó categóricamente: -Escuche bien Tío Zorro, para mí no hay obstáculo ninguno en esta vida. El zorro aprovechó la ocasión para decirle: No es que dude de usted. Pero quisiera verlo trepar por las paredes lisas quedan a un gallinero que se encuentra a corta distancia de aquí. El mono entusiasmado afirmó: Eso es un paseo para mí, Tío Zorro.  El audaz zorro le dijo a su amiguito; del dicho al hecho hay muy trecho. Enseguida el monito le respondió, eso piensa usted, pero si quiere puede pedirme lo que esté al otro lado de esas paredes, y se lo traeré. Está bien tráigame una gallina, así comprobaré todo lo que me ha dicho. ¡De acuerdo compadre! Tío Mono lo espero en mí casa con la exquisita prueba y se dieron un fuerte abrazo…
Por la noche el simio, fue a cumplir con su palabra, saltó unas de las paredes de la mencionada casa, llegó al gallinero, al querer atrapar una gallina, esta comenzó a cacarear, despertó a los demás y a los perros; el monito al verse descubierto se escondió en un rincón del corral, allí lo encontró el dueño, quien creía que era el zorro y lo iba a matar con una escopeta. El mono le suplico que no lo matara y le contó los pormenores de su aventura y su ocasional encuentro con el zorro. El dueño de la casa al darse cuenta del engaño el cual fue sometido el visitante, lo invitó formalmente, le obsequió frutas y golosinas y lo aconsejo para que se desquitara de la mala jugada del malvado zorro. Desde ese día el Monito Saltarín vivió feliz en la montaña y aprendió a desconfiar de los bribones que abundan en el mundo…

Fuente: Columna Horizonte Cultural, Semanario NOTILLANOS- San Fernando estado Apure del 26 de Mayo al 01 de Junio 2006.

Twitter: @Mariaauxig

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