viernes, 2 de agosto de 2013

La Mujer Del Lomo de Vidrio




Es un cuento suministrado por Castro (1937) el cual consiste en lo siguiente: “Que había una vez una señora pobre y otra muy rica que vivían en un lejano pueblo, cada una de ella tenía una hija. Vivía una en frente de la otra, la hija de la mujer rica era envidiosa y engreída, la hija de la mujer pobre era humilde, inteligente y sencilla.
Un día la muchacha pobre salió a buscar trabajo en una ciudad que quedaba lejos de la población, pues quería ganar algún dinero para comprarse ropa para estrenarla en Semana Santa. Al cruzar una vereda encontró dos toros peleando con furia  que al chocar sus cuernos hacían saltar chispas, Muy asustada se santiguo y dijo: ¡Virgen del Carmen, mete tu mano y haz que esos toros me dejen pasar tranquila!. Su ruego fue escuchado, los animales dejaron de pelear y se marcharon cada cual por su lado. La joven continuo su camino, llegó a un pequeño bosque se encontró con un río, de sangre imposible de atravesarlo, se santiguó y volvió a exclamar. ¡Virgen del Carmen, permite que este río de sangre me deje pasar!. El río se abrió en dos mitades y ella pasó. Más adelante se encontró con un pozo de agua en descomposición, y realizó la exclamación con fe a la Virgen del Carmen, como por arte de magia el río desapareció y la muchacha siguió su camino. Luego de andar un largo trecho se encontró frente a un  vistoso castillo. Apuró el paso, llegó hasta la puerta, llamó y esperó un largo rato. Salió una anciana y le preguntó que deseaba y la joven le dijo que buscaba trabajo. La anciana le dijo que lo único que necesitaba era alguien para lavar los trastos de la cocina, la jovencita acepto”, lavó los platos, los dejo limpiecitos, entonces la dueña del castillo le dijo que se acercara a su cuarto para que le rascara el lomo, la moza se puso a hacerlo pero como la anciana tenía la espalda de vidrio, la jovencita se lastimaba las manos, pero sin decir nada continuó hasta que la señora le dijo que estaba bien, la pobre terminó su trabajo y en pago la anciana le dijo entra al cuarto número dos y toma unos de los barrilitos que están allí guardados, ella muy humilde escogió el más pequeño, se lo llevó, al llegar a su casa lo abrió y se dio cuenta que estaba lleno de morocotas. De la noche a la mañana se hizo millonaria y compró todo lo que necesitaba. La hija de la mujer rica al ver a su amiga en su apogeo, fue a visitarla y le pregunto que había hecho para tener tanto dinero, la joven que nunca había sentido envidia y no era egoísta  le contó toda la historia. Al día siguiente la hija de la mujer rica con el apoyo de su mamá, se marchó al maravilloso castillo. Se encontró con los mismos obstáculos que la anterior joven, pero al conseguir los toros dijo ¡hijos de Satanás déjenme pasar!, ¡váyanse al infierno! Y le lanzó una piedra, la cual pegó en el cuerno de uno, rebotó en el otro y los toros salieron corriendo; se encontró el río lleno de sangre llena de ira exclamó: ¡Que antojo! ¡Ese río del cipote!. Se ha propuesto a dejarme pasar, al decir esas palabras el río desapareció. De igual manera que en el caso de la joven humilde, encontró el pozo en descomposición y lo maldijo cuyo efecto fue la desaparición del mismo. Siguió avanzando, llegó al castillo, llamo a la puerta, la anciana le preguntó que quería trabajar, le ofrecieron para lavar los platos, pero como nunca había realizado ese oficio, rompió la gran mayoría, al terminar su labor, la anciana le pidió que le rascara el lomo, a lo que la joven con mucha repugnancia le aclaró. “Señora yo no vine a rascarle el lomo a nadie, soy gente decente, además usted tiene el lomo de vidrio y no quiero maltratar mis manos vieja achacosa”. La señora del castillo le dijo a la joven, a pesar de tus torpezas y vanidades y de venir a buscar trabajo y no hiciste nada te pagare el día, sacó una llave del seno, se la entregó a la muchacha y le dijo abre el cuarto número dos allí hay varios barriles, escoge el que más te guste y tómalo como pago de tu tiempo perdido  y no vuelvas por estos lados nunca más.
La joven abrió el cuarto, escogió el barril más grande, con mucho esfuerzo lo condujo hasta su casa. Al llegar al hogar, le dijo a su madre que cerrara todas las puertas y abrió la tapa de barril, salieron miles de alimañas que devoraron a las mujeres como castigo a la maldad y a la envidia.
Es importante en estos momentos tan difíciles que la mujer se deslastre de todas las acciones que empequeñecen su vida cotidiana y al contrario llenaría de Fe, Amor y Esperanza.

 Fuente: Columna Horizonte Cultural, Semanario NOTILLANOS- San Fernando estado Apure del 09 al 15 de Marzo de 2007.
 
    Twitter: @mariaauxig


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