miércoles, 14 de agosto de 2013

La renuncia.




He renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
Son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.


Yo me quedé mirando como el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba.


He renunciado a ti, serenamente
como renuncia a Dios el delincuente;
He renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;


Como el que ve partir grandes navíos
con rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
Como el perro que apaga sus amorosos brios
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;


Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.


He renunciado a ti, como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales en los escaparates de las confiterías...


He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, ¡cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!


Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...



Autor: Andrés Eloy Blanco.



Twitter: @mariaauxig

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