jueves, 26 de septiembre de 2013

El Origen del fuego




Es un mito guajiro que aportó al Folklore literario Jusayú (1975), el cual relata lo siguiente: En un principio los hombres no conocían el Fuego, eran seres imperfectos que comían la carne cruda, de igual manera los tubérculos, las raíces y los frutos silvestres, asimismo, carecían de Fuego para calentarse y de lumbre para ahuyentar el miedo de las misteriosas noches; solo Maleiwa poseía el fuego en forma de piedra encendidas que guardaba con mucho celo en una gruta alejada de los hombres podrían emplear el fuego para quemar los ranchos y los montes… Pero sucedió que una vez Maleiwa estaba sentado junto al fuego (Otorojoschi), calentando su cuerpo, se le acercó un joven de nombre Junuunay, Maleiwa sorprendido e indignado le preguntó; ¿Qué haces aquí intruso?... ¿No sabes que este sitio es prohibido?...entonces Junuunay respondió de manera suplicante: venerable abuelo, solo quiero calentar mi cuerpo junto a usted, por favor tenga clemencia, el frío me hiela y me llegan hasta los huesos, después de tomar un poco de calor me iré, Junuunay muy audaz hizo crujir sus dientes, erizó los poros de su cuerpo como piel de gallina, tembló como un cachorro y de esa manera convenció a Maleiwa y juntos comenzaron a frotarse las manos para lograr el calor las llamas de aquel fuego eran muy bellas, resplandecían como las estrellas, como el Shemeche Aitu´u.  Mientras tomaban el calor del fuego, el joven quería distraer al viejo Maleiwa, pero fue imposible, porque se mantenía muy atento, sin embargo el rumor del viento hizo que Maleiwa voltease la cara para ver la procedencia de aquel ruido que semejaba unos pasos muy cautelosos.
La ocasión se tornó propicia y Junuunay aprovechó el descuido del hombre, tomó dos brasas encendidas de la fogata, las metió en un morral  que tenía escondido bajo el brazo y se dio a la fuga; una vez consumado el robo, Maleiwa se percató y decidió perseguir al ladrón para castigarlo, el joven desesperado y como veía que sus pasos eran muy cortos pidió auxilio a un cazador llamado Kanáa, se escondió de Maleiwa pero fue inútil porque al ocultarse el sol fue encontrado y Maleiwa lo convirtió en cocuyo, que emite su luz intermitente en las oscuras noches de invierno. Januunay  que seguí huyendo se encontró con jimut el cigarrón, y le dio la brasa que le quedaba. Jimut agarró la brasa y la metió en un palo de caujaro, luego la paso a un Olivo, después a otro palo y así sucesivamente, hasta que se multiplicó por todas partes, que un día los hombres la encontraron, porque vieron a al niño Serumáa que jugaba y saltaba por el monte señalando a los hombres los palos donde Jimut había colocado el fuego, como el niño no sabía hablar, solamente decía: Skii… Skii… Skii… fuego… fuego… Los hombres registraron todos los árboles y no consiguieron nada, pero llegó Jimut y empezó a perforar los palos, ellos siguieron el ejemplo del cigarrón entonces taladraron y frotaron con sus manos la varitas de caujaro, y al instante surgió el fuego que iluminó el corazón de los montes y encendió de alegría, el espíritu de aquellos hombres.
Desde ese día utilizaron el fuego, no sintieron más temor ni volvieron a sufrir los rigores del frío. Todo no quedó allí Maleiwa convirtió al niño Sarumáa en un pajarito que salta de rama en rama y va diciendo en un trino: Skii… Skii… y al audaz Januunay lo convirtió en un escarabajo y lo convirtió a vivir en la inmundicias por haber robado el fuego y como castigo quedo impreso en su cuerpo la mancha del delito, es decir las manchas brillantes que llevan sus patas los escarabajos.

Fuente: Columna Horizonte Cultural, Semanario NOTILLANOS- San Fernando estado Apure del 10 al 16 de Febrero de 2006.

 
    Twitter: @mariaauxig


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