viernes, 22 de agosto de 2014

El viejo acordeón.




Todos los días
se puede escuchar
una música tenue
en cualquier lugar,
en un parque, en el metro
 tal vez en la calle
o en un concurrido
 Centro Comercial.
Es una música suave
de gran sentimiento
y poca emoción...
plena de recuerdos
y tocada con mucho dolor,
por un hombre
solitario y triste
que logra irradiar
notas de melancolía,
que salen del fondo
desde las entrañas
de una concertina
de un viejo acordeón...

     
Sus manos se mueven
con magia y encanto
Y expele añoranzas 
desde el corazón,
que llegan al alma
de los caminantes
que cada hora, minuto y segundo
por aquellas calles y aquellos lugares
ellos siempre suelen pasar
y donde día a día
se puede escuchar
una música que suena y resuena
sin querer parar.
 música que emite desde su interior
llena de nostagia
el viejo acordeón.



El hombre que toca
aquel instrumento,
es un bohemio... es un trovador
que lleva consigo
su vida y pasión,
y perfuma el aire
su música mustia y su sinsabor.
Mitiga sus penas
con un gran apego
a la desolación.
Y empaña cristales
y también vidrieras
donde se refleja algún resplandor
de aquel músico bueno
del gran soñador...
que toca y que toca
cada hora, minuto y segundo
que marca el reloj
con gran entusiasmo
y mucha pasión
a su noble amigo, su fiel compañero
 su viejo acordeón...


A cambio recibe
una.. otra... y otra... monedita
en compensación
al noble trabajo
que realiza a diario
como una oración
de fe, de esperanza y de devoción:
Tocar y tocar
con magia y fervor
el cajón tan triste
que lleva en sus notas
un sabor amargo
de resignación.
Y... cuando algún día
no se oye la música
por algún motivo 
sin explicación.
Creo que se extraña,
al hombre... a la música...
y también se extraña
 al viejo acordeón.

Autor: María Auxiliadora Gómez.


Twitter: @mariaauxig

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