martes, 7 de octubre de 2014

La limosna del "Rey manaure"


Es una Leyenda suministrada por Adrianza (1944), la cual reseña que en la Antigua Provincia de Coro, actualmente Estado Falcón existía un poderoso cacique, que hasta el presente, recuerdan los nativos con el nombre de “Rey Manaure”, según los historiadores, este caudillo de los caquetíos era muy leal, generoso, espléndido, bondadoso y noble con todas las personas, especialmente con sus vasallos, de acuerdo a las versiones de los pobladores, fue un gran amigo y aliado de Juan de Ampíes y sus españoles. Lamentablemente esta alianza duró poco, debido a que la Provincia  de Coro pasó a ser gobernada por los welzares compañía alemana que se caracterizó entre otras cosas, por los reiterados abusos que cometían con los indígenas, motivo por el cual, el “Rey Manaure” se vio obligado a huir llevándose consigo todos sus tesoros, en una lujosa tarima y en hombros de los señores de la tribu, el gran jefe de aquellos pueblos aborígenes  atravesó llanuras, quebradas, ríos, cerros y extensos cardonales, durante su fuga era perturbado por el insistente temor de ser alcanzado por los alemanes, por lo que decidió arrojar todas sus riquezas en las aguas termales de la Cuiba o Pozo del Saladillo, de donde salía agua de variados colores que tenían la propiedad de saltar a gran altura a la menor ubicación del aire.
Años más tarde, una humilde viejita de origen caquetío que desde su infancia tenía una fe ciega en el “Rey Manaure”, se encontraba sumida en la mayor de las miserias, decidió un día ir hasta las aguas de Cuiba, donde se decía que vagaba el espíritu del Gran Cacique y con una inmensa devoción le rogó al anima de caudillo de sus antepasados que por amor a Dios, le concediera una limosna, a la vez que golpeaba por tres veces consecutiva un peñasco que daba origen a una de las muchas vertientes de las aguas termales, con un machete que llevaba en la mano, con fervor modulaba “Rey Manaure, dame mi limosnita”… Una vez pronunciada las palabras mágicas por la ancianita, las aguas misteriosas de aquellos manantiales saltaron a gran altura, irradiando los más diversos colores y fue tan grande el susto de aquella mujer, cuando vio ante sus culebra de color amarillo intenso que la observa con sus pupilas de fuego, dispuesta al ataque. Muy asustada la ancianita por la amenaza del reptil, y sin saber qué hacer, le dio con el machete un golpe mortal… Minutos más tarde, al recobrar la serenidad, se dio cuenta que en el lugar de la peligrosa culebra, se encontraban en el suelo, dos limpias y brillantes barritas de oro.

"El que persevera vence"...

Twitter: @mariaauxig

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