miércoles, 3 de junio de 2015

El Cristo del pescador


Consiste en una leyenda que aportó al Folklore literario-popular, Leal (1948), la cual se remonta al Estado Zulia, específicamente a los Puertos de Altagracia,  donde vivía pobremente un pescador, quien siempre le achacaba su mala suerte y la miseria en que se encontraba al Justo Juez, mientras que su mujer resignada a la pobreza, rezaba todos los días con vehemencia para que su esposo lograra mejor vida y dejara aquellos pensamientos que lo enloquecían.
            Sucedió que una noche, no obstante el mal tiempo y llevado por la necesidad, el hombre salió a pescar, cuando se encontraba alejado de la costa fue sorprendido por una tormenta que destrozó totalmente la vela y el bote, continuó sin rumbo hasta llegar a la orilla de una isla solitaria. Los días pasaban y se desconocía el destino de aquel hombre. El pescador a su vez, veía que el alimento que llevaba en el bolso se agotaba y sin encontrar otra salida, ante el temor de perecer se vio en la obligación de salir a buscar un pedazo de lona para reparar el velamen destruido del barco y así regresar al anhelado hogar. Caminó...caminó...sin encontrar lo que deseaba, desalentado y convencido de su fracaso, desfallecido por el cansancio y la sed, recordó los consejos de su mujer respecto a enmendar sus errores y creer en la bondad de Dios.
            Entonces se arrodilló en la tierra e imploró  al ser Supremo que lo ayudara a salir de aquella desventura y a la vez le prometía que nunca más renegaría de él. Luego siguió andando, no había caminado mucho, cuando divisó una choza y sobre el techo de la misma un pedazo de lona, parecía como si alguien la había colocado allí a secar. Aligeró el paso...se acercó hasta la puerta y al ver que no había nadie, recogió la lona y retornó al sitio de origen. Cuando la extendió en el suelo y se disponía a cortarla para reparar el barco, se dio cuenta de que en la lona estaba estampada la figura de un Cristo. Admirado ante la imagen, se abstuvo de rasgar el lienzo, lo dobló cuidadosamente, lo guardó y emprendió la marcha de regreso ayudado con los remos, pero grande fue su sorpresa cuando observó que el barco avanzaba suavemente como si lo empujaran manos invisibles, hacia los Puertos de Altagracia. El bote llegó a su destino y la mujer del pescador lo notó muy pálido, callado y sumiso y al instante le preguntó – Felipe ¿qué tenéis vos? ¿te sentís mal acaso?. El hombre sin decir nada se arrojó  a sus brazos, y lloró en silencio y luego exclamó -¡María!... ¡He visto a Dios! ¡por fin he visto a Dios!               
            La mujer sorprendida  y confusa le interrogó de nuevo ¿Cómo que vos habéis visto a Dios?. Si mujer  lo he visto y aquí está su imagen estampada en esta lona que encontré en la isla solitaria donde fui a parar por culpa de la tormenta y colocó la lona a la vista de la mujer y juntos se postraron ante la imagen y oraron fervientemente y desde ese momento el pescador cambió de suerte y se convirtió en creyente.

            Es importante señalar que la imagen encontrada por aquel humilde pescador, según diferentes versiones se encuentra en el Asilo de mendigos de la capital zuliana y por tal motivo se conoce en nombre de “El Cristo del Pescador”.  



Twitter: @mariaauxig 

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