jueves, 26 de julio de 2018

Fantasía de una noche de abril.

¿Sevilla?... ¿Granada?... La noche de luna. 
Angosta la calle, revuelta y moruna, 
de blancas paredes y obscuras ventanas. 
Cerrados postigos, corridas persianas... 
El cielo vestía su gasa de abril. 

Un vino risueño me dijo el camino. 
Yo escucho los áureos consejos del vino, 
que el vino es a veces escala de ensueño. 
Abril y la noche y el vino risueño 
cantaron en coro su salmo de amor. 

La calle copiaba, con sombra en el muro, 
el paso fantasma y el sueño maduro 
de apuesto embozado, galán caballero: 
espada tendida, calado sombrero... 
La luna vertía su blanco soñar. 

Como un laberinto mi sueño torcía 
de calle en calleja. Mi sombra seguía 
de aquel laberinto la sierpe encantada, 
en pos de una oculta plazuela cerrada. 
La luna lloraba su dulce blancor. 

La casa y la clara ventana florida, 
de blancos jazmines y nardos prendida, 
más blancos que el blanco soñar de la luna... 
?Señora, la hora, tal vez importuna... 
¿Que espere? (La dueña se lleva el candil). 

Ya sé que sería quimera, señora, mi sombra 
galante buscando a la aurora 
en noches de estrellas y luna, si fuera 
mentira la blanca nocturna quimera 
que usurpa a la luna su trono de luz. 

¡Oh dulce señora, más cándida y bella 
que la solitaria matutina estrella 
tan clara en el cielo! ¿Por qué silenciosa 
oís mi nocturna querella amorosa? 
¿Quién hizo, señora, cristal vuestra voz?... 

La blanca quimera parece que sueña. 
Acecha en la obscura estancia la dueña. 
?Señora, si acaso otra sombra, emboscada 
teméis, en la sombra, fiad en mi espada... 
Mi espada se ha visto a la luna brillar. 

¿Acaso os parece mi gesto anacrónico? 
El vuestro es, señora, sobrado lacónico. 
¿Acaso os asombra mi sombra embozada, 
de espada tendida y toca plumada?... 
¿Seréis la cautiva del moro Gazul? 

Dijéraislo, y pronto mi amor os diría 
el son de mi guzla y la algarabía 
más dulce que oyera ventana moruna. 
Mi guzla os dijera la noche de luna, 
la noche de cándida luna de abril. 

Dijera la clara cantiga de plata 
del patio moruno, y la serenata 
que lleva el aroma de floridas preces 
a los miradores y a los ajimeces, 
los salmos de un blanco fantasma lunar. 

Dijera las danzas de trenzas lascivas, 
las muelles cadencias de ensueños, las vivas 
centellas de lánguidos rostros velados, 
los tibios perfumes, los huertos cerrados; 
dijera el aroma letal del harén. 

Yo guardo, señora, en viejo salterio 
también una copla de blanco misterio, 
la copla más suave, más dulce y más sabia 
que evoca las claras estrellas de Arabia 
y aromas de un moro jardín andaluz. 

Silencio... En la noche la paz de la luna 
alumbra la blanca ventana moruna. 
Silencio... Es el musgo que brota, y la hiedra 
que lenta desgarra la tapia de piedra... 
El llanto que vierte la luna de abril. 

?Si sois una sombra de la primavera 
blanca entre jazmines, o antigua quimera 
soñada en las trovas de dulces cantores, 
yo soy una sombra de viejos cantares, 
y el signo de un álgebra vieja de amores. 

Los gayos, lascivos decires mejores, 
los árabes albos nocturnos soñares, 
las coplas mundanas, los salmos talares, 
poned en mis labios; 
yo soy una sombra también del amor. 

Ya muerta la luna, mi sueño volvía 
por la retorcida, moruna calleja. 
El sol en Oriente reía 
su risa más vieja.



Autor: Antonio Machado.




Twitter: @mariaauxig

miércoles, 18 de julio de 2018

Poema del renunciamiento.

Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar,
fingiré una sonrisa como un dulce contraste
del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente,
soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar,
soñaré con tus labios desesperadamente,
soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.

Quizás pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio... como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
—el tormento infinito que te debo ocultar—,
te diré sonriente: «No es nada... ha sido el viento».
Me enjugaré una lágrima... ¡y jamás lo sabrás!

Autor:   José Ángel Buesa.



Twitter:    @mariaauxig

miércoles, 4 de julio de 2018

Donde habite el olvido.

Donde habite el olvido, 
En los vastos jardines sin aurora; 
Donde yo sólo sea 
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas 
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. 

Donde mi nombre deje 
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos, 
Donde el deseo no exista. 

En esa gran región donde el amor, ángel terrible, 
No esconda como acero 
En mi pecho su ala, 
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. 

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, 
Sometiendo a otra vida su vida, 
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente. 

Donde penas y dichas no sean más que nombres, 
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; 
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, 
Disuelto en niebla, ausencia, 
Ausencia leve como carne de niño. 

Allá, allá lejos; 
Donde habite el olvido.


Autor: Luis Cernuda.


Twitter: @mariaauxig

domingo, 1 de julio de 2018

A Margarita Debayle.

Margarita está linda la mar, 
y el viento, 
lleva esencia sutil de azahar; 
yo siento 
en el alma una alondra cantar; 
tu acento: 
Margarita, te voy a contar 
un cuento: 

Esto era un rey que tenía 
un palacio de diamantes, 
una tienda hecha de día 
y un rebaño de elefantes, 
un kiosko de malaquita, 
un gran manto de tisú, 
y una gentil princesita, 
tan bonita, Margarita, 
tan bonita, como tú. 

Una tarde, la princesa 
vio una estrella aparecer; 
la princesa era traviesa 
y la quiso ir a coger. 

La quería para hacerla 
decorar un prendedor, 
con un verso y una perla 
y una pluma y una flor. 

Las princesas primorosas 
se parecen mucho a ti: 
cortan lirios, cortan rosas, 
cortan astros. Son así. 

Pues se fue la niña bella, 
bajo el cielo y sobre el mar, 
a cortar la blanca estrella 
que la hacía suspirar. 

Y siguió camino arriba, 
por la luna y más allá; 
más lo malo es que ella iba 
sin permiso de papá. 

Cuando estuvo ya de vuelta 
de los parques del Señor, 
se miraba toda envuelta 
en un dulce resplandor. 

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? 
te he buscado y no te hallé; 
y ¿qué tienes en el pecho 
que encendido se te ve?». 

La princesa no mentía. 
Y así, dijo la verdad: 
«Fui a cortar la estrella mía 
a la azul inmensidad». 

Y el rey clama: «¿No te he dicho 
que el azul no hay que cortar?. 
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... 
El Señor se va a enojar». 

Y ella dice: «No hubo intento; 
yo me fui no sé por qué. 
Por las olas por el viento 
fui a la estrella y la corté». 

Y el papá dice enojado: 
«Un castigo has de tener: 
vuelve al cielo y lo robado 
vas ahora a devolver». 

La princesa se entristece 
por su dulce flor de luz, 
cuando entonces aparece 
sonriendo el Buen Jesús. 

Y así dice: «En mis campiñas 
esa rosa le ofrecí; 
son mis flores de las niñas 
que al soñar piensan en mí». 

Viste el rey pompas brillantes, 
y luego hace desfilar 
cuatrocientos elefantes 
a la orilla de la mar. 

La princesita está bella, 
pues ya tiene el prendedor 
en que lucen, con la estrella, 
verso, perla, pluma y flor. 


Margarita, está linda la mar, 
y el viento 
lleva esencia sutil de azahar: 
tu aliento. 

Ya que lejos de mí vas a estar, 
guarda, niña, un gentil pensamiento 
al que un día te quiso contar 
un cuento.

Autor: Rubén Darío.


Twitter: @ mariaauxig