miércoles, 26 de septiembre de 2018

La serenata del río.



Un hermoso sentimiento
embarga mi corazón,
aquí en cada latido
tararea una canción
cual llovizna de recuerdos
y me da la sensación
de alegría y de tristeza
al escuchar con amor
la serenata del río
cantada con gran fervor
por las aguas del Apure
tan galante y soñador,
donde navegan canoas
de esperanza y de ilusión
de fe, de paz y alegría
que siguen el resplandor
que brindan las estrellitas
con su luz y su fulgor.

La serenata del río
afina su dulce voz
para cantar un corrío
y enaltecer el folklore
con los versos relancinos
que nacen de la pasión
y hacen soñar al llanero
con el potro cimarrón,
con la silla, con la soga
y el canto del ruiseñor.
La serenata del río
eleva su voz a Dios...
Y le canta una tonada
inspirada en la oración,
para que suba hasta el cielo
como nubes de algodón
y convierta las querellas
en cantos de ordeñador.

Se escucha en la sabana...
y dentro de mi corazón
la serenata del río 
que me inunda con su voz,
con su copla, y con su esencia,
con su joropo y su amor.
La serenata del río
da a mi alma inspiración
para dibujar poemas,
paisajes de ensoñación,
que le dan a la llanura
belleza y exaltación...
Y entre las cuerdas del arpa
se convierten en canción
que se escucha a lo lejos
como se escucha el clamor
del Apure majestuoso
y del Arauca vibrador.

Autor: María Auxiliadora Gómez.

Twitter: @mariaauxig

martes, 18 de septiembre de 2018

El Dios de la vida.







HORIZONTE CULTURAL arriba a su publicación número trecientos, propicia ocasión para agradecer a Dios Padre Todopoderoso, la oportunidad de plasmar en este Blog, temas referentes a la Cultura,  poesías y poemas de autores reconocidos y también de la inspiración de la autora del mencionado Blogs.  Se les invita a declamar en una sola voz unos versos dedicados al Dios de la vida.


El Dios de la vida
te regala la vida 
cada día...

Te regala el cielo 
con sus estrellitas
y tambien la luna 
con su lucecita
que brilla... que brilla
e ilumina tus noches
con sus maravillas.

El Dios de la vida
te regala el cielo
y su fantasía...

Te regala la lluvia 
con su melodía.
Te regala el sueño
de aquel arcoiris
que con la magia
de sus colores
te irradia energía 
y enjuga tu alma
de paz y alegría,
porque el Dios bueno
el Dios de la vida

bendice tus noches...
bendice tus días...
bendice tu vida...


Autor: María Auxiliadora Gómez.


Twitter: @mariaauxig 

viernes, 14 de septiembre de 2018

Por qué cantamos



Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos



si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos



si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por que cantamos



cantamos por qué el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino
cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos



cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota



cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta



cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.


Autor: Mario Benedetti.


Twitter: @mariaauxig 

jueves, 13 de septiembre de 2018

Balada del loco amor.

                                         
                                            I

No, nada llega tarde, porque todas las cosas
tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;
sólo que, a diferencia de la espiga y la flor,
cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor.

No, amor no llegas tarde. Tu corazón y el mío
saben secretamente que no hay amor tardío.
Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta,
la toca desde adentro, porque ya estaba abierta.
Y hay un amor valiente y hay un amor cobarde,
pero, de cualquier modo, ninguno llega tarde.

                                      II                                 

Amor, el niño loco de la loca sonrisa,
viene con pasos lentos igual que viene aprisa;
pero nadie está a salvo, nadie, si el niño loco
lanza al azar su flecha, por divertirse un poco.
Así ocurre que un niño travieso se divierte,
y un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte.
Y más, cuando la flecha se le encona en la herida,
porque lleva el veneno de una ilusión prohibida.
Y el hombre arde en su llama de pasión, y arde, y arde,
y ni siquiera entonces el amor llega tarde.

                                     III

No, yo no diré nunca qué noche de verano
me estremeció la fiebre de tu mano en mi mano.
No diré que esa noche que sólo a ti te digo
se me encendió en la sangre lo que soñé contigo.
No, no diré esas cosas, y, todavía menos,
la delicia culpable de contemplar tus senos.
Y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada.
Nada más. No era el tiempo de la espiga y la flor,
y ni siquiera entonces llegó tarde el amor.


Autor: José Ángel Buesa.


Twitter: mariaauxig 

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Hay un día felíz.

A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mí singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!

Autor: Nicanor Parra Sandoval.

Twitter: @mariaauxig