domingo, 11 de noviembre de 2018

Giraluna canta en la ausencia.

Con cuatro días sin carta,
de la ventana a la alcoba,
de la alcoba a la ventana
y entre si duerme o no duerme,
Giraluna canta y canta:

Allá va... me dejó sola,
allá va... sola quedé.
Déjame cerrar los ojos,
que ya no hay nada que ver.

Tengo los ojos cerrados,
me pongo a mirar caminos,
me los prendo al corazón,
empiezo a hacer un ovillo;

voy tirando de los hilos,
los voy enrollando en mí,
los voy enrollando en mí,
los caminos en las manos
se me vienen a morir,

y tanto tiro de ellos,
que se robaron mi afán,
que se vienen devolviendo
y me lo hacen regresar.
Yo tengo en el corazón
una madeja de atajos,
para salirle adelante
al que me tiene esperando.

Vuelve, novio, vuelve, amante,
que se me olvidó en la prisa
darte el sueño de mis ojos
para las malas dormidas.


Vuelve, que se me olvidó
que te iba a colgar del cuello
este escapulario rojo
que me rompe el lado izquierdo;

vuelve, que tengo los ojos
cerraditos, de buscar
adonde se fue aquel beso
que me acabas de dejar;

me lo pusiste en la boca,
por verte, se me olvidó,
y anda perdido de angustia
entre boca y corazón.

Vuelve a que me lo sujetes,
regresa a que me lo des;
seré menos en el beso
que en irte dejando en él.

Quédateme un poco más,
márchateme un poco menos,
véteme yendo de modo
que me parezcas viniendo
y no me grites; adiós!
ni digas "hasta la vuelta";
vete marchando de espaldas
para creer que regresas.

Andrés Eloy Blanco

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